16 ene 2017

Tomie

Título original富江 (tomie)
aka: Tomie
Japón, 1998, Ataru Oikawa
























Los noventas, década de oro que dejó los mejores recuerdos para la posteridad. Cambios revolucionarios en todos los campos y a pasos agigantados en la tecnología: móviles, walkmans, el paso de los cassetes a los CDs, los stereos gigantes… El cine tampoco se quedó atrás y fue precisamente en el año 1998 cuando el extremo más oriental de Asia experimentaría un fenómeno asombroso y de proporciones titánicas, el auge del cine de terror. Clase… ¿alguien sabe qué tipo de terror hacían los japos antes de Sadako? Ahí es cuando a alguno le suenan obras como “Kwaidan o el más allá”, “Jigoku”, “Hausu” o la batería de aportaciones del bueno de Nakagawa. Ya, pero eso es del katapún chinpún, me refiero al cine de horror de los 70-80. Bien, los americanos se la pasaban prostituyendo hasta la extenuación sus kilométricas sagas de slashers con el sr. Voorhees, Mayers, Chucky o Krueger. Mientras el mundo seguía anestesiado con tal parangón de cintas, los orientales daban el salto de las pelis con venganzas entre clanes, samuráis y el honor, o los animales místicos hacia la industria del pinku eiga. Muy famosa en Japón gracias, en gran parte, a la aparición de la tecnología VHS (¿os acordáis de eso?) el erotismo incipiente con las torturas más descabelladas llevaría a las polémicas pseudo snuff (Guinea Pig family).

Quitando la obra de Nakata, la transición de un estilo a otro desconozco si fue abrupta o no, pero lo que sí sabemos sin titubear es que cuando en 1991 el escritor bestseller Kôji Suzuki sacó a la venta “Ringu” prendió en silencio una mecha que 7 años después explotaría con la adaptación cinematográfica conocida por todos, The Ring: El círculo. Efectivamente, 1998 no solo fue un año estrella por eso, posteriormente otras “mechas saltaron” con “Gakko no Kaidan G” y sus cortos “4444444” e “In the corner” en lo que después se reproduciría como “Ju-On”. En mayo de ese mismo año, los coreanos se mandaron su primera “Whispering Corridors” y anteriormente, en marzo salió “Tomie” de Ataru Oikawa.

No he estudiado a fondo el recorrido artístico del mangaka Junji Ito pero aquel que preste un mínimo de atención a los detalles sabrá que Tomie es una de sus obras más personales. Desconozco si piensa lo mismo el autor pero cuando lees Tomie notas una evolución, en todo, no solo en los conceptos, sino en el dibujo. Empezó realizando garabatos sin una forma atractiva hasta curtir con una gran personalidad a los personajes que se sucedían en las historias (o trampas) de Tomie. Por ello pienso que tras 13 años dibujando a su femme fatale quieras o no, te terminas encariñando. De hecho en otra de sus obras, como “Uzumaki” vemos ya ese estilo fijo y propio del autor, en parte heredado de Tomie. 


No soy un seguidor del dicho cultural “las adaptaciones son una mierda” porque he visto obras que son decentes y hasta algunas que le hacen justicia al producto original pero como todo en este mundo, hay excepciones. Tomie es un manga aterrador, en todo su concepto. Desde el propio miedo por escenas perturbadoras hasta asquerosidades inmundas o hasta pensarse uno dos veces si pasar la página. De seguro la sorpresa grotesca que aguardaba no era nada reconfortante.

Ya les falló a los americanos a la hora de remakear cintas orientales, el no saber entender el verdadero significado de los films que manejaban pero es que a Oikawa le pasó lo mismo. No pretendo entrar en una guerra de comparaciones odiosas del manga vs película pero la idea global hay que saber entenderla, ese es el quid de la cuestión. Tampoco iba con grandes expectativas (para evitar posibles desilusiones que me hicieran cascarle un 0), solo pedía una única cosa, que se entendiera de verdad a Tomie, punto.

Obvio que esto no pasó pues la película a pesar de no centrarse en ningún capítulo en concreto del manga (el tema de la cabeza en una bolsa es lo único que tiene conexión) y crear una historia propia no termina por dar terror y es aquí su segundo gran error. Ergo, no existe una atmósfera opresora, sucia y desagradable a los sentidos. Lo que se nos ofrece es un sucedáneo barato y mal encaminado donde una joven acude a terapia para intentar averiguar qué pasó hace 3 años y porqué desde entonces no recuerda nada. Como vemos la premisa es llamativa pero su puesta en escena no lo es. Como si estuviera grabada en formato de cámara lenta, el film se estanca con mucha tranquilidad en dos historias diferentes (la de la protagonista y la de Tomie) para terminar de una forma absolutamente absurda.

Quizás sean las robotizaciones autistas de los actores que me ponen de los nervios o el ansia por crear drama en partes donde uno reprime la risa (como el personaje del detective/oficial que se rasca la perilla cual chivo). En muchas ocasiones se recurre al infodumping para contar a modo de lectura ordenada algún suceso porque se desconocía una forma de plasmarlo más natural y realista.

Otro aporte al terror que realizaba el manga era la genuina capacidad de transporta al lector a la acción, planteándote una realista situación donde Tomie pudiera ser real. Falla de nuevo el film aquí, dándose uno cuenta de ello al principio, ¿en serio una persona se pondría a desempaquetar toda una bolsa en mitad de la calle sabiendo lo que porta? Por favor, un poco de seriedad.

No todo es carbón, cabe decir que aun con el jaleo montado existe una aceptable conexión entre los puntos que plantea la trama sin olvidarse de nada. La presentación inicial de Tomie es sublime, sin mostrarnos el rostro hasta el momento decisivo, otorgando así un clímax de expectación por parte del público. Y esto nos lleva a la cámara que, aunque sea muy estática no incomoda, al revés, fija permita disfrutar mejor de ciertas partes.

El apartado musical es una “mixed bag of feelings”. Si bien es cierto que la de entrada (a la que podríamos etiquetar como la canción de Tomie) es perturbadora en el mejor de los sentidos, el resto se simplifican al rascado de la botella de anís y ahí sí, es en el mal sentido.

Curioso leer a gente comentar “está muy bien explicado el origen de Tomie”, sí gracias a la generosa ducha del infodumping antes mencionada pero, el final queda de lo más estúpido y anti-Tomie. Para nuestra psico killer los humanos son meros juguetes de entretenimiento y diversión, nada más.

Unas actuaciones patéticas, una narrativa soporífera y una icono poco explotada. Ataru, si después de tu “Apartamento 1303” me caíste mal, aquí te has lucido.

Una de culto que como tantas otras, solo lo tiene por antigüedad. 




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